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La taquigrafía: el arte de escribir a la velocidad de la palabra que fue desapareciendo de las aulas

Por Redacción TuPerfil.net··3 min de lectura·9
La taquigrafía: el arte de escribir a la velocidad de la palabra que fue desapareciendo de las aulas

Antes era una habilidad indispensable para secretarias, periodistas y funcionarios. Hoy, en tiempos de grabadoras, computadores e inteligencia artificial, la escritura taquigráfica sobrevive como recuerdo de una época en la que escuchar, interpretar y escribir rápidamente era todo un oficio.

Valledupar, octubre 17 de 2026 - Hubo un tiempo en que una persona podía escuchar un discurso, seguir una conversación o registrar una reunión y, al mismo tiempo, escribir a una velocidad que parecía imposible. Lo hacía gracias a la taquigrafía, un sistema de escritura basado en signos, trazos y abreviaturas que permitía representar las palabras con mucha mayor rapidez que la escritura convencional.

Durante décadas, aprender taquigrafía fue una preparación fundamental para quienes aspiraban a trabajar como secretarios, asistentes administrativos, mecanógrafos y periodistas. En las oficinas, los despachos oficiales y las empresas, dominar esta técnica representaba una ventaja laboral: permitía tomar dictados, registrar reuniones y conservar información sin depender de grabaciones.

Su importancia también quedó reflejada en la educación. En Colombia, los programas de formación comercial de mediados del siglo XX incluían la taquigrafía junto con la mecanografía, la correspondencia comercial y otras materias orientadas al trabajo de oficina. Un documento del Ministerio de Educación de 1951, publicado en el Diario Oficial, registra esta asignatura dentro de los planes de formación.

Una habilidad que exigía práctica y disciplina

Aprender taquigrafía no consistía simplemente en memorizar símbolos. Requería desarrollar coordinación, concentración, capacidad de escucha y mucha práctica. Cada sistema tenía sus propias reglas y convenciones, y el estudiante debía entrenarse para registrar las palabras sin perder el hilo de lo que escuchaba.

En el periodismo, por ejemplo, esta habilidad resultaba especialmente valiosa. Los reporteros podían tomar apuntes durante entrevistas, discursos y ruedas de prensa, incluso cuando no tenían una grabadora a mano. En las oficinas, las secretarias utilizaban sus conocimientos para transcribir dictados y preparar documentos.

La taquigrafía llegó a convertirse en una competencia profesional reconocida en diferentes países y fue enseñada en escuelas comerciales e instituciones de formación para el empleo. En Colombia, el SENA publicó en 1984 un manual de aprendizaje y práctica de la mecanotaquigrafía, evidencia de la importancia que todavía tenía esta preparación en aquella época.

La tecnología comenzó a desplazarla

Su progresiva desaparición de las aulas no obedeció a una sola decisión, sino a una transformación tecnológica y laboral. Primero, las máquinas de escribir facilitaron la elaboración de documentos; posteriormente, las grabadoras permitieron conservar las palabras para transcribirlas después. Más adelante llegaron los computadores, los teléfonos inteligentes y los programas capaces de convertir la voz en texto.

Con estas herramientas, muchas tareas que antes exigían dominar la taquigrafía comenzaron a realizarse de otra manera. La formación comercial también cambió: las instituciones dieron mayor espacio al manejo de computadores, los programas de oficina y las competencias digitales.

Así, la taquigrafía fue perdiendo presencia en los programas educativos, especialmente en aquellos orientados al secretariado y la administración. No desapareció por completo, pero dejó de ser una destreza cotidiana para la mayoría de los trabajadores.

Un conocimiento que merece ser recordado

Hoy, cuando una grabación puede convertirse en texto en cuestión de segundos, cuesta imaginar el valor que tenía aquella habilidad. Sin embargo, la taquigrafía representa una parte importante de la historia de la educación comercial, el periodismo y el trabajo administrativo.

Su declive no significa que haya perdido toda utilidad. La capacidad de escuchar con atención, identificar lo esencial y tomar notas con rapidez continúa siendo valiosa, incluso en una época dominada por la tecnología.

La taquigrafía dejó de ocupar el lugar que tuvo en las aulas, pero permanece como testimonio de una generación que aprendió a convertir sonidos en signos y palabras en trazos veloces. Una técnica que, antes de las grabadoras y la inteligencia artificial, permitió registrar la memoria de reuniones, discursos y acontecimientos a la velocidad de la voz.

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