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El adiós a la Constituyente: ¿la jugada para conquistar el centro político?

Por Redacción TuPerfil.net··Actualizado 2 de agosto, 2026·3 min de lectura·94
El adiós a la Constituyente: ¿la jugada para conquistar el centro político?

La decisión del comité promotor de retirar la iniciativa que buscaba convocar una Asamblea Nacional Constituyente no parece ser un simple cambio de estrategia. Ocurre a pocos días de la segunda vuelta presidencial y tiene todas las características de un movimiento político cuidadosamente calculado para ampliar la base electoral del proyecto que representa el petrismo y el candidato Iván Cepeda.

Durante los últimos tres años, la posibilidad de una Asamblea Constituyente ha sido uno de los temas que más inquietud ha generado entre empresarios, gremios económicos, sectores independientes y amplios grupos de ciudadanos. Aunque el presidente Gustavo Petro insistió en varias oportunidades en la necesidad de una constituyente para destrabar reformas y profundizar cambios institucionales, la propuesta siempre encontró una fuerte resistencia.

En distintas intervenciones públicas, Petro habló de la necesidad de convocar al constituyente primario. Lo hizo durante las discusiones de sus reformas, después de los reveses legislativos sufridos en el Congreso y nuevamente cuando impulsó la consulta popular. En varias ocasiones sugirió que las transformaciones sociales requerían cambios de fondo en la estructura institucional del país.

Por su parte, Iván Cepeda nunca se convirtió en el principal vocero de una constituyente, pero tampoco se apartó completamente de esa discusión dentro del proyecto político que acompaña al actual gobierno. Para muchos sectores moderados, la sola posibilidad de que una eventual presidencia cercana al petrismo impulsara una nueva Constitución se convirtió en un factor de incertidumbre.

Precisamente ahí aparece la importancia de la decisión anunciada esta semana. Al retirar la iniciativa y sumarse a la propuesta de un "gran acuerdo nacional", el mensaje que se envía es que no habrá intentos inmediatos por modificar las reglas de juego institucionales. La señal está dirigida a un electorado específico: los votantes de centro.

No se trata de conquistar a los sectores más radicales de izquierda, que ya respaldan el proyecto político del gobierno. El objetivo parece ser otro: atraer a los ciudadanos que comparten algunas reformas sociales, pero que se mostraban preocupados por eventuales cambios constitucionales, por la estabilidad institucional y por los mensajes de confrontación permanente entre los poderes públicos.

Entre los sectores que podrían sentirse más cómodos con este nuevo discurso aparecen votantes independientes, académicos, algunos gremios, sectores empresariales moderados y dirigentes políticos que respaldan reformas sociales, pero rechazan aventuras constituyentes. También podría facilitar acercamientos con líderes regionales y movimientos alternativos que mantenían reservas frente a la propuesta.

En contraste, mantener viva la iniciativa de la Constituyente podía alejar precisamente a esos votantes indecisos. Las encuestas de opinión de los últimos años han mostrado que una parte importante de la ciudadanía no considera prioritaria una nueva Constitución. Para muchos colombianos, los problemas centrales siguen siendo la inseguridad, el empleo, la salud, el costo de vida y la corrupción.

La decisión también busca neutralizar uno de los argumentos más utilizados por la oposición. Durante meses, los sectores contrarios al gobierno advirtieron que detrás de las reformas impulsadas por Petro existía un interés de convocar una constituyente para modificar las instituciones y eventualmente concentrar más poder. Al retirar la iniciativa, el petrismo intenta quitarle fuerza a ese discurso en la recta final de la campaña.

Sin embargo, el anuncio no significa necesariamente que desaparezca el debate. La idea de una Asamblea Constituyente ha acompañado buena parte de las discusiones políticas del actual gobierno y continúa siendo defendida por sectores de izquierda que consideran insuficiente el marco institucional vigente para desarrollar transformaciones profundas.

Por ahora, la lectura más inmediata es electoral. En una segunda vuelta donde cada voto cuenta y donde las diferencias podrían ser estrechas, abandonar la bandera de la Constituyente parece menos una renuncia ideológica que una estrategia para ampliar la coalición política. La apuesta es clara: convencer a quienes querían reformas, pero no una nueva Constitución; a quienes respaldan cambios sociales, pero exigen estabilidad institucional; y a quienes aún no habían decidido su voto porque temían que el debate constituyente terminara dominando el próximo gobierno.

La pregunta que quedará después de las elecciones es si este cierre del capítulo constituyente será definitivo o simplemente una pausa táctica dentro de una discusión que ha acompañado buena parte del proyecto político que hoy disputa el poder en Colombia.

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