MUY PERSONAL Claudia vs. Lina

Se calentó la vaina.
En una esquina, Lina de Armas. En la otra, Claudia Margarita Zuleta.
Dos damas. Dos servidoras públicas. Una de derecha y otra de izquierda. Una es hoy senadora de la República por el Centro Democrático, partido declarado oficialmente de gobierno —aunque el Tigre no les ha dado mucho, que digamos— y la otra es gerente interventora del Hospital Rosario Pumarejo de López, a donde llegó durante la recta final del gobierno de Gustavo Petro. Gobierno que, ustedes saben, para mí fue nefasto.
Yo, que ustedes saben que petrista no soy, celebré en su momento la llegada de Lina al Rosario Pumarejo, una institución que quiero mucho. Por si no lo sabían, allí nací y crecí prácticamente alrededor de ese hospital. Mi abuela fue lavandera en el centro asistencial, mi mamá trabajó en servicios generales y mi papá, que era taxista, parqueaba afuera esperando clientes y, muchas veces, esperando también a mi mamá cuando salía de trabajar.
Ese pedazo de la historia sé que los aburrió porque, seguramente, a muchos no les importa. Pero ajá… uno presume de lo que es.
Volviendo a Lina. Me gustó su llegada al Rosario Pumarejo porque fui testigo de su trabajo como secretaria de Salud municipal de Valledupar durante la pandemia. Pa’ qué: Lina se puso la diez en ese tiempo. Y a mí me ayudó a ayudar. Muchos pacientes enfermos de covid recibieron una mejor atención gracias a un trabajo en el que ella también nos ayudó a hacer la diferencia.
Pero después no han faltado los cuestionamientos y las controversias alrededor del hospital. Hay asuntos relacionados con el manejo de recursos que todavía deben ser explicados y también están los especialistas que llevan tiempo reclamando por el pago de sus honorarios atrasados.
Y ahora aparece la cereza del pastel. La gerente interventora decidió declarar hábiles los sábados y domingos 26 y 27 de septiembre para efectos contractuales, una decisión que fue cuestionada por la senadora Claudia Margarita Zuleta.
Según la senadora, una medida similar ya había sido cuestionada anteriormente por el Consejo de Estado cuando se tomó en otra entidad gubernamental.
Este cuestionamiento de la senadora —pa’ eso están los congresistas, entre otras cosas— no le gustó a Lina de Armas, quien hizo pública una comunicación para responder a los señalamientos.
Hasta ahí, todo bien. Dos servidoras públicas haciendo lo suyo: una cuestionando, denunciando y escudriñando, como considera que debe hacerlo desde su condición de congresista; la otra, en todo su derecho, defendiendo las decisiones que ha tomado desde la dirección del hospital.
Pero entonces apareció papi emberracado.
Don Napoleón de Armas, papá de Lina, tomó las armas de la palabra y disparó. Pero disparó mal. No lo hizo como nos tiene acostumbrados en sus columnas, con ese estilo que suele caracterizarlo, sino como tiro de chorro: disparó pa’ todas partes, mezclando peras con manzanas en medio de su afán por defender a su hija.
Y en medio de ese desorden, para mi gusto, perdió la elegancia y terminó ofendiendo a la senadora, llegando incluso a hacer referencias a la manera como fue concebida.
Eso no se hace, señor Napoleón.
Por muy dolido que uno pueda sentirse cuando atacan o cuestionan a sus hijos, hay una edad en la que ellos ya están grandecitos para enfrentar sus propias batallas. Y cuando los padres nos olvidamos de eso, podemos terminar perdiendo la cabeza y oscureciendo una discusión que, en lugar de aclararse, termina enredándose más.
Claudia, usted siga cuestionando, denunciando y auscultando. Esa es una tarea que sabe hacer desde cuando fue diputada. Lina, usted defiéndase con las herramientas legales que le entrega el Estado y responda por sus decisiones con argumentos.
Pero, ojo, cuidao con la familia, como dijo el papá del presidente. " De quien tiene que cuidarse es de la familia".
Porque una cosa es defender a los nuestros y otra muy distinta es terminar convirtiendo una discusión pública en una pelea familiar.
Por Limedes Molina Urrego


