Discípulos pontificando
Tengo un serio problema con la gente que, antes de gatear, ya quiere correr. Antes de aprender, ya quiere ser maestra y pontificar sobre todo. Medio conoce algo y ya quiere hablar de ello, enseñarlo, convertirlo en una lección para los demás.
Eso ha derivado en la aparición de coaches por todas partes, inundando las redes sociales con consejos gaseosos y estériles. Es el afán de querer parecer cuando todavía no se es; porque hoy, al parecer, importa más parecer que ser.
Soy de la época en la que aprendíamos a hacer las cosas viendo a los maestros hacerlas.
Aprendí de ellos lo que debía emular y también lo que jamás debería repetir. Por eso, cuando alguien me escribe para corregirme un error, lo recibo con cariño, aunque muchas veces no haya amor en esa corrección, sino una actitud soberbia.
Aprendí del apóstol Pablo que uno no debe hacer nada por vanagloria ni por contienda. Mucho menos corregir a los demás cuando todavía es la IA la que hace por mí buena parte del trabajo que yo no sé hacer.
Pero estamos en esos tiempos: maestros por todas partes, enseñando sobre un mar de conocimientos en el que apenas han navegado con cinco centímetros de profundidad.
Vivimos tiempos en los que el político que no supo hacer las cosas bien cuando gobernó ahora pretende que quien lo reemplazó siga sus consejos, como si su propia gestión no hubiera sido un completo fracaso.
Estamos en tiempos en los que, sin saber patear un balón, nos creemos con derecho a criticar lo que hacen once jugadores en una cancha de fútbol.
No tenemos idea de cómo se pilota un avión, pero nos atreveríamos a decirle al piloto que pulse, o que no pulse, determinado botón.
He ahí una de las razones por las cuales a la cabina de un avión no se ingresa sin autorización de la máxima autoridad de la nave.
Muchos maestros, pocos discípulos.
Mucha IA haciendo el trabajo que hoy permite mostrar lo que nunca se ha sido.
Y quizá ahí está el verdadero problema: hemos confundido tener una herramienta para aprender con tener autoridad para enseñar.


