/MUY PERSONAL/ Con la camiseta puesta

Hoy me puse la camiseta de la Selección Colombia bien temprano. Me tocó la negra, la que tiene detalles con los colores de la bandera. ¿La razón? La amarilla, azul y roja, extrañamente, se me encogió.
Pero más allá de la anécdota, ¿por qué me la puse?
Primero, porque me alegró la manera en que la Selección se despidió de su público en Bogotá, venciendo a Costa Rica por 3-1 y dejando una buena imagen ante su afición.
Y segundo, porque nuestra bandera representa algo mucho más importante que un partido de fútbol: representa la unión de un país. Si una nación quiere encontrarse a sí misma y fortalecer sus lazos, necesita símbolos que la identifiquen. Y ninguno es más poderoso que la bandera.
El mejor ejemplo de ello lo ha dado Venezuela. Quienes respaldan al régimen exhiben con orgullo los símbolos de su país. Pero también lo hacen aquellos venezolanos que tuvieron que abandonar su tierra, atravesar fronteras, enfrentar peligros y comenzar de nuevo lejos de casa. Unos y otros, a pesar de sus profundas diferencias políticas, siguen sintiendo la bandera como propia.
¿Y qué significa eso? Que los símbolos patrios no pertenecen a un partido político, a una ideología o a un sector de la sociedad. Nos pertenecen a todos.
Sin embargo, fue la campaña de Abelardo de la Espriella la que logró conectar con ese sentimiento y apropiarse, al menos temporalmente, de ese símbolo nacional. No necesariamente porque hubiera sido el resultado de una estrategia cuidadosamente diseñada, sino porque ocurrió de manera orgánica. El pasado 31 de mayo, miles de personas acudieron a las urnas vistiendo la camiseta de la Selección Colombia de forma espontánea. De la Espriella supo interpretar ese mensaje. Se puso la camiseta, su esposa hizo lo mismo, sus hijos también, y así celebraron los resultados de la primera vuelta.
Ahora bien, esa no ha sido la única decisión acertada de su campaña. Hay varios elementos que la diferencian de la de Iván Cepeda. Porque, aunque las ideas son fundamentales, las formas también cuentan.
Algunos ejemplos son evidentes. La campaña de El Tigre cuenta con un jingle moderno y fácil de recordar. La de Cepeda, en contraste, ha apostado por una imagen gráfica poco atractiva y afiches que no generan impacto. La campaña de De la Espriella tiene consignas que buscan movilizar emociones y generar identidad. La de Cepeda carece de una frase que logre instalarse en la conversación pública.
También existe una diferencia en la manera de comunicar. De la Espriella conecta desde la espontaneidad y el espectáculo que genera en sus intervenciones públicas. Cepeda, por el contrario, suele recurrir a discursos más estructurados y formales, que difícilmente despiertan entusiasmo entre quienes no forman parte de su base electoral.
Y hay un aspecto adicional que muchos electores perciben: mientras De la Espriella proyecta una imagen de autonomía política, Cepeda carga con el peso de representar la continuidad del gobierno de Gustavo Petro. Por eso el presidente ha terminado asumiendo un papel protagónico en la campaña, intentando movilizar apoyos para un candidato que, según sus críticos, no logra conectar emocionalmente con amplios sectores de la población.
Por eso, póngase la camiseta. Sea cual sea su preferencia política. No permita que el símbolo más importante de nuestra identidad nacional termine siendo propiedad exclusiva de alguien. La bandera de Colombia es de todos los colombianos. Y cuando un símbolo patrio deja de unir para convertirse en una herramienta de división, el país entero pierde una parte de sí mismo.
Por Limedes Molina Urrego.
Director TuPerfil.Net

