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Petro - uribismo

Por Redacción TuPerfil.net··Actualizado 11 de agosto, 2026·2 min de lectura·19
Petro - uribismo

No. Eso no pega ni con gota mágica.

Quienes intentan instalar la idea de que el uribismo y el petrismo se unieron, más allá de la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado, están profundamente equivocados. No, no y no. Eso no va a ocurrir.

Ahora bien, la política, como la vida misma, no es un escenario de blanco y negro. Siempre existen matices, diferencias irreconciliables y, al mismo tiempo, puntos de encuentro. También hay coincidencias coyunturales, como la que se dio en la elección de la mesa directiva del Senado. Y eso, más que preocupar a los extremos ideológicos, debería convertirse en un motivo de tranquilidad.

¿Por qué? Porque, aunque el respaldo del petrismo a Honorio Henríquez tuvo una clara intención política —la de pescar en río revuelto y generar incomodidad dentro del nuevo escenario de poder—, el resultado terminó enviando un mensaje mucho más importante: las instituciones colombianas siguen siendo más fuertes que las estrategias de cualquier sector político.

Lo fueron durante los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro y ahora deberán seguir siéndolo durante el gobierno de Abelardo De la Espriella. No podemos olvidar que fue precisamente la fortaleza institucional la que evitó que el país terminara cayendo al abismo en medio de las profundas tensiones políticas de los últimos años.

Y así deberá seguir siendo en la llamada era de "El Tigre". Porque el populismo, venga de la derecha o de la izquierda, solo encuentra terreno féril cuando las instituciones son débiles. Mientras exista un Congreso independiente, unas cortes fuertes y organismos capaces de ejercer controles, ningún proyecto personal podrá imponerse por encima de la democracia.

Por eso no me asustan las alianzas ocasionales en el Congreso. Si sirven para construir consensos alrededor de las buenas iniciativas del país, bienvenidas sean. Y si esa es la "desobediencia" que promueve el petrismo liderado por Iván Cepeda, ojalá se traduzca en debates serios y en respaldo a todo aquello que beneficie a Colombia.

La oposición es necesaria. Pero también lo es la capacidad de reconocer cuándo una propuesta merece salir adelante. El país ya perdió demasiado tiempo en la política del "todo o nada". Tal vez haya llegado la hora de entender que coincidir en una votación no significa renunciar a las convicciones, sino demostrar que la democracia todavía funciona.

Por. Limedes Molina Urrego

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