Un ambiente distinto

No me digan que el país no está respirando mejor. Llevamos ya tres días con un ambiente completamente diferente. La expectativa es grande, la ansiedad también, pero creo que muchos coincidimos en que hay una sensación de mayor tranquilidad en buena parte del territorio nacional con la llegada de este nuevo gobierno.
Y tal vez estamos cometiendo, una vez más, el error de depositar nuestra confianza en alguien falible: un ser humano que, inevitablemente, cometerá errores. Eso debería llevarnos a entender que no se trata de esperar milagros. No podemos creer que, de un día para otro, Colombia va a cambiar.
Hay que darle tiempo al tiempo y permitir que el mandatario, Abelardo De La Espriella, empiece a poner orden en la casa. Porque literal, este gobierno encontró un verdadero desorden en la Presidencia.
A usted que no votó por De La Espriella. A usted que todavía le cree a Petro, a Cepeda y que, guiado por ellos, incluso se ha declarado en desobediencia civil, le digo con cariño y respeto: no sea así. No le desee lo peor al nuevo gobierno. Porque si al presidente le va mal, a Colombia le va mal. Y cuando al país le va mal, perdemos todos.
Y usted que, como yo, votó por Abelardo, tenga algo muy claro: no elegimos a un dios. No elegimos a alguien perfecto. No caigamos en la misma conducta de quienes, durante el gobierno anterior, fueron incapaces de reconocer los errores que, a tutiplén, se cometieron desde el poder.
Como ciudadanos responsables y, especialmente, como medios de comunicación responsables, tenemos una obligación: estar vigilantes. Tener los ojos bien abiertos para ejercer control social y evitar que este gobierno termine convertido en otro fracaso, en otra cadena de promesas incumplidas, en otra decepción para los colombianos.
Tragar entero, aplaudir todo lo que haga el nuevo gobierno, aceptar cada decisión sin verificar, sin investigar y sin cuestionar, sería una de las peores decisiones que podríamos tomar.
Desde esta tribuna, desde estas líneas y desde estos micrófonos, estaremos atentos a cada decisión que adopte Abelardo De La Espriella y su gobierno.
Reconoceremos lo bueno y cuestionaremos lo malo. Respaldaremos lo que beneficie al país y señalaremos aquello que consideremos equivocado.
Porque al fin y al cabo, para eso estamos los medios de comunicación: para informar, investigar, preguntar, incomodar cuando sea necesario y ejercer control sobre el poder.
Colombia no necesita nuevos fanatismos. Necesita resultados. Y este gobierno tendrá tiempo para demostrar de qué está hecho.

